viernes, 6 de mayo de 2011

Gonzalo Rojas

Gonzalo Rojas (Lebu, 20 de diciembre de 1917 – Santiago de Chile, 25 de abril de 2011)

Poeta perteneciente a la llamada «Generación de 1938». Su obra se enmarca en la tradición continuadora de las vanguardias literarias latinoamericanas del siglo XX. Obtuvo numerosos reconocimientos a su obra, entre ellos, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 1992, el Premio Nacional de Literatura de Chile 1992 y fue y galardonado con el Premio Cervantes de Literatura 2003 que otorga la Real Academia Española de la Lengua para autores hispanoamericanos. Su poesía es una constante búsqueda de la emoción, el juego del lenguaje, la invención de las formas y una crítica a la expresión del hombre. Su trabajo poético asume la disciplina y la constancia en el quehacer literario para lograr una obra sólida y conceptual. Rojas es una figura insustituible en las letras hispanoamericanas.



Asma es amor

A Hilda, mi centaura

Más que por la A de amor estoy por la A

de asma, y me ahogo

de tu no aire, ábreme

alta mía única anclada ahí, no es bueno

el avión de palo en el que yaces con

vidrio y todo en esas tablas precipicias, adentro

de las que ya no estás, tu esbeltez

ya no está, tus grandes

pies hermosos, tu espinazo

de yegua de Faraón, y es tan difícil

este resuello, tú

me entiendes: asma

es amor.

Cítara mía, hermosa...

Cítara mía, hermosa

muchacha tantas veces gozada en mis festines

carnales y frutales, cantemos hoy para los ángeles,

toquemos para Dios este arrebato velocísimo,

desnudémonos ya, metámonos adentro

del beso más furioso,

porque el cielo nos mira y se complace

en nuestra libertad de animales desnudos.







Dame otra vez tu cuerpo, sus racimos oscuros para que de ellos mane

la luz, deja que muerda tus estrellas, tus nubes olorosas,

único cielo que conozco, permíteme

recorrerte y tocarte como un nuevo David todas la cuerdas,

para que el mismo Dios vaya con mi semilla

como un latido múltiple por tus venas preciosas

y te estalle en los pechos de mármol y destruya

tu armónica cintura, mi cítara, y te baje a la belleza

de la vida mortal.

Epitafio



Se dirá en el adiós que amé los pájaros salvajez, el aullido

Cerrado allí, tersa la tabla

De no morir, las flores:

Aquí yace

Gonzalo cuando el viento,

Y unas pobres mujeres lo lloraron


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